Rumi, el musulmán
Yalal ad-Din Muhammad Rumi nació en 1207 en Balj, actual Afganistán, migró de su tierra natal a causa de las invasiones mongolas, llegando finalmente a Anatolia, donde se le reconoce como un gran erudito. La transformación espiritual de Rumi se vio intensamente influida por su encuentro con el derviche errante Shams de Tabriz, cuya presencia marcó el inicio de su camino místico. Su legado más reconocido es el Masnavi, considerado una de las cumbres de la literatura espiritual islámica. Sus días terminan en Konya, actual Turquía, en 1273.
“Ven, ven, quienquiera que seas,
vagabundo, idólatra, adorador del fuego,
ven, aunque hayas roto tus votos mil veces,
ven, y ven una vez más.
La nuestra nos es una caravana de desesperanza.”
Esos versos son seguramente los más citados de Rumi, sin embargo, su atribución es incorrecta, hay también otras versiones apócrifas de estos mismos versos que mencionan directamente a cristianos y ateos, pero son falsificaciones. Así lo declara Sefik Can, reconocido sabio entre los sufís mevlevis, herederos directos de la orden de los derviches iniciada por el hijo de Rumi. No es que parte de ese espíritu de apertura no fuera propio de este autor, sino es más bien que tanto este breve poema, así como muchas otras falsas atribuciones y traducciones parciales o interesadas, desplazan su inevitable y férreo vínculo con el islam, el propio Rumi decía de sí mismo, tal vez intuyendo la desislamización futura de su obra poética:
“Siempre y cuando perdure mi vida, soy siervo del Corán,
No soy más que polvo en la senda de Muhammad, el Elegido,
Si cualquier persona interpretara mis palabras de cualquier otra manera,
Me lamento por dicha persona y deploro sus palabras”.
Por eso, su obra debe leerse no solo en su superficie poética evidente, sino también en clave doctrinal. Cada metáfora y relato está tejido con conceptos profundamente islámicos, muchas veces tomados directamente del Corán y la tradición profética.
Es momento de aclarar que Rumi no era un musulmán cualquiera, fue un erudito de las distintas ramas de estudio del islam, doctrina, leyes, interpretación coránica y fue también maestro en diversos aspectos de su fe. Pero se le conoce mucho más por su legado de místico y poeta sufí, movimiento espiritual del islam que se caracteriza por una profunda comprensión de la ley y la doctrina más allá del ritualismo o práctica egocéntrica externa, cuyo motor es el encuentro y la unidad con la divinidad.
Su más grande obra, el Masnavi, se inicia como una recitación inconclusa a los 54 años, es un compilado de más de 25 mil versos. En su contenido se entretejen cuentos, poemas, fábulas, historias del Corán, entre otros tipos de textos cuya finalidad es enseñar a los sufíes cómo alcanzar la unidad con Dios, tal es su importancia, que se le considera “el Corán en lengua persa”. Entre sus versos podemos encontrar fragmentos notables como por ejemplo:
“Has de saber amigo mío, que todo en el universo es una jarra llena hasta los bordes de sabiduría y belleza” Masnavi I. 2860
Aunque el sentido literal del verso es claro, va más allá y su interpretación más profunda se revela a la luz del islam, pues también es obligación del musulmán, una santa obligación el buscar el conocimiento, el profeta Muhammad, dijo: “Quienquiera que siga un camino en la búsqueda del conocimiento, Allah Facilitará su camino al Paraíso”.
Así, cada verso, cada historia aparecida en la obra de Rumi tiene una consonancia en la doctrina y las fuentes del islam.
Cuando Rumi dice:
“Oh espíritu de nuestro espíritu, ¿Quiénes somos para decir que existimos?
Simplemente no existimos. La existencia real que les hace parecer a los mortales que existen es la Tuya”. Masnavi I. 601-602
Este verso resume de forma poética una doctrina compleja, el Tawhid, que declara que la única existencia real es la de la divinidad, cuestión que solamente se puede experimentar tras un éxtasis místico y cuya comprensión intelectual es enteramente insuficiente.
Y así, cada una de sus líneas reflejará un paralelismo con fuentes islámicas que pasará inadvertido por un lector casual:
“Las guerras de la humanidad son como peleas infantiles; todas son estúpidas, sin sentido y repugnantes”. Masnavi I. 3435
Las líneas anteriores tienen su resonancia en pasajes del Corán como Sura de la Vaca 190: “Y combatid en la senda de Dios contra aquellos que os combatan, pero no seáis agresores. Ciertamente, Dios no ama a los agresores”. Recalcando que la guerra es siempre indeseable a menos que sea en defensa de la agresión.
El disfrute de la poesía, de este y cualquier otro autor estará mediado siempre por el grado de conocimiento del secreto detrás de su escritura, este texto como cualquier otro nos podrá decir algo, pero en la medida que nuestro conocimiento del autor y su contexto aumente, aumentarán nuestras posibilidades interpretativas.
"Porque la belleza del corazón es la belleza duradera: sus labios dan a beber del Agua de la Vida”.
"En verdad, es a la vez el agua y el copero y el borracho: los tres se vuelven uno cuando su talismán se rompe.
Esa unidad no la puedes conocer con razonamientos. ¡Sirve a Dios y abstente de palabrería necia, oh hombre sin discernimiento!. Masnavi II. 716-718
¿Qué podría interpretarse de aquello entonces? ¿Cuánto de la profundidad de la poesía podemos admirar? Leer a Rumi sin la luz del islam es mirar un vitral desde fuera, desde un ángulo en el que no le atraviesan los rayos del sol, perdiéndonos gran parte de su verdadero color. En este sentido, las falsas atribuciones y las omisiones de sus aspectos espirituales son una dificultad para encontrarnos verdaderamente con el autor.
*Este texto fue creado originalmente para presentar al autor a los miembors del Centro Literario Ateneo San Bernardo.
Para citar este artículo por favor usar:
Cárdenas, L. (26 de mayo de 2025). Rumi, el musulmán. Sobre lo humano y lo divino. https://fadailalfaqir.blogspot.com/2025/05/rumi-el-musulman.html
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